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Full text of "Recursos para la Escuela Sabatica"

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CASA PUBLICADORA BRASILEIRA 

COMENTARIO DE LA LECCIÓN 

I Trimestre de 2008 
"El discipulado" 

Lección 13 

(22 al 29 de Marzo de 2008) 

Modelos de discipulado 



Dr. Berndt D. Wolter 



¿Entendemos la naturaleza de Dios? ¿Cuáles son las características de su Ser? Su 
esencia es amor (1 Juan 7:7, 8); Él es grandioso (2 Samuel 7:22); Creador (Isaías 
40:28); Omnipotente (Salmo 98:8); Omnipresente (Salmo 139); Omnisciente (Salmo 
139); Eterno (Jeremías 10:10), y la lista sigue. Procura descubrir las características de 
Dios. ¡Quedarás impresionado/a! 

Aquél que desea seguir a Dios necesita contemplarlo, pues al hacerlo somos transfor- 
mados a su semejanza. Estudiar la persona de Dios, meditar en sus características, 
impregnar nuestra mente con la revelación que Dios hace de sí mismo, imaginar vivi- 
damente al Dios encarnado viviendo estas características en su vida en este mundo, 
ansiar crecer a su semejanza, conversar con Él acerca de nuestros avances y retroce- 
sos en este proceso de asemejarse a Él, significa ser un seguidor o aprendiz de la Di- 
vinidad, o sea, un discípulo de Jesús. 

Ser un seguidor o un aprendiz significa recibir la mente de Cristo, tal como Pablo lo 
afirma (1 Corintios 2:16), es entender la lógica por la cual Dios se desempeña, sabien- 
do que sólo será la lógica revelado (las cosas encubiertas pertenecen al Señor, nues- 
tro Dios, pero las reveladas pertenecen a nosotros y nuestros hijos para siempre, para 
que observemos las palabras de esta Ley, según Deuteronomio 29:29), y decidirse, di- 
ariamente, a una obediencia basada en el amor. 

Las filosofías de este mundo son tan penetrantes y están presentes en cada momento 
y espacio de nuestra vida que, muchas veces, tengo la impresión de que estamos de 
acuerdo intelectualmente con la lógica revelada de Dios, peque ro como estamos mu- 
cho menos expuestos a la influencia de Dios que a la filosofía de este mundo, lo que 
termina rigiendo nuestra vida son las directivas y los valores de la filosofía del mundo. 

Por ejemplo: Un joven asiste a la iglesia, está de acuerdo con todo lo que allí se dice, 
procura involucrarse en sus actividades pero, en el sábado a la noche, vive como un 
impío. ¿Porqué sucede esto? 

Veamos. En promedio un joven en su adolescencia, de las 168 horas de la semana, 
utiliza 68 horas para dormir y comer. ¿Qué hace con las 100 horas restantes en la se- 
mana? Investigaciones en la sociedad norteamericana muestra que gasta 39 horas mi- 
rando televisión, 12 navegando por Internet o viendo películas o videos; 33 horas reci- 
biendo una educación secular que, si no niega a Dios, por lo menos lo trata con indife- 



rencia. Nos restan 16 horas. En promedio, ese joven asiste dos veces por mes a la 
iglesia (no sé lo que suceda en nuestros países), donde pasa, en promedio, una hora y 
veinte minutos. Teniendo en cuenta que las personas conservan en promedio el 6 % 
de lo que escuchan en un sermón, surge una pregunta dolorosa: ¿Cómo competir con 
todo eso? ¿Cómo influir en la vida de ese joven cuya mente está bombardeada por las 
filosofías mundanales? Pero la cosa se agrava: Estas filosofías están presentadas de 
una manera tan atractiva, que parecieran ser la verdad absoluta. 

Las señales que damos como iglesia son muy importantes. Cuando yo era joven, no 
era adventista. Un amigo me invitó para asistir a un congreso de jóvenes cristianos en 
Ijui, estado de Río Grande do Sul, en Brasil. La oración y la entrega fueron la tónica 
dominante de ese congreso. Había un clima, al cual los jóvenes allí presentes se con- 
sagraron durante cinco días, de manera intensiva, orientado a las cosas espirituales 
como la meditación, la oración, y el estudio de la Palabra. Recuerdo cómo quedé im- 
presionado con el mensaje no hablado de ver a jóvenes esparcidos por la cancha de 
fútbol, en las zonas de juegos y demás dependencias de aquél lugar, estudiando la Bi- 
blia, orando, en grupos, exponiéndose a la influencia divina para que la mente fuera 
transformada a través de la contemplación. 

Muchos de los campamentos en los que participé en mis años de juventud en la iglesia 
adventista eran marcados por las meditaciones de la mañana y la noche, y -en lo que 
quedaba de tiempo- los jóvenes querían jugar y divertirse. El foco espiritual era diluido 
por las atracciones deportivas y las distracciones de la mente. Si nosotros lográramos 
revertir el sentimiento de laxitud con respecto a las cosas espirituales, y los miembros 
fuesen confrontados por toda una cultura corporativa que estimule la búsqueda de 
Dios de manera saludable, los milagros ocurrirían donde hoy solo hay tibieza e indife- 
rencia. 

Que quede claro que no quiero generalizar, pues he conocido a personas maravillosas 
y muy consagradas que han ejercido notable y decisiva influencia en mi vida. Doy gra- 
cias a Dios por ellas. He visto a líderes consagrados haciendo que sus iglesias funcio- 
nen, inspirándolas con una vida consagrada en sinceridad y amor. 

Toda esta introducción al estudio de esta semana está orientada a que entendamos 
que las características tales como la compasión y el perdón; la misericordia y la justi- 
cia; el amor y la paciencia, son cualidades derivadas de la contemplación de lo Divino. 
Ellas no surgen por sí mismas. No están esperando por nosotros en algún rincón 
mágico, donde tienes que ir y allí penetran involuntariamente en tu corazón. Somos 
transformados únicamente cuando entendemos al Dios generoso y compasivo, y lo 
contemplamos analizando cómo Él actuaría si estuviera en medio de una situación de 
mezquindad e insensibilidad. 

Medita diariamente, y en muchas oportunidades, en ese Maestro maravilloso y serás 
transformado a su semejanza. 



Compasión y perdón 

Muchos han desarrollado la morbosa idea que la compasión y el perdón son cosas 
estáticas, pasivas. Mediante los versículos expuestos en la Lección, ¿puedes darte 



cuenta cómo estas características se manifestaron activamente en Cristo? En rigor de 
verdad, tendremos tanta compasión como la que brindo el Maestro cuanto más idénti- 
ca sea mi práctica de vida a la vida que el Maestro llevó. Los conceptos bíblicos son 
activos, dinámicos, y presuponen siempre el traspaso de la acción divina a través de la 
nuestra. 

No puedo tener compasión como si fuera un simple sentimiento sin una acción por 
aquél de quien me estoy compadeciendo, Esto es una filosofía barata del mundo que 
ha ingresado en nuestra mente a través de las películas que vemos y la música que 
escuchamos. ¿Logras percibir qué es perdón y acción? ¿Puedes percibir en qué con- 
siste la compasión y la acción? 

Hay dos maneras por las cuales el perdón y la compasión pueden volverse activas: 

1) Pides y das perdón sirviendo como el dedo de Dios para tocar relaciones y 
transformarlas a esas personas y las que están involucradas con ellas. 

2) Das a conocer a Aquél que puede perdonar y transformar, a través de su 
amor, a aquellos que tienen su vida trabada por el pecado y la culpa. 

¿Logras darte cuenta que no hay espacio para un sentimiento de dolor que no em- 
prenda nada por aquél que está sufriendo? 

¿Comprendes que la iglesia surgió de la acción? Acción preparada en oración y co- 
munión con Dios. No surgió de un sentimentalismo estático. La acción salvadora fue 
llevada con riesgo de la propia vida del discípulo involucrado. Los discípulos sabían 
que, al actuar por el Señor con compasión y amor, ni aquél por quien estaban obrando 
ni ellos como obrantes, quedarían iguales después de actuar. La transformación se 
daría tanto en el corazón del agente como en el aquél que recibía el acto de compa- 
sión. 

Comprendemos que la propia venida del Hijo de Dios fue la Palabra (el Verbo) que se 
hizo carne para actuar en nuestro medio: "Y aquél verbo se hizo carne, y habitó entre 
nosotros, lleno de gracia y de verdad. Y vimos su gloria, gloria que, como Hijo único, 
recibió del Padre" (Juan 1 :14). Esta gracia era una gracia activa que procuraba resca- 
tar, transformar y renovar. La gloria era todo un acto de Cristo, que elevaba a Dios en 
el corazón de aquél que recibía la acción divina. 

¿Sabías que los países en los que la iglesia está estancada, o está disminuyendo, tie- 
nen una característica común? Durante tiempo suficiente, se preocuparon consigo 
mismos, sólo de los asuntos internos de la iglesia y con el bienestar interno para los 
miembros (programas mejores, más atención pastoral, mejores lugares, más comodi- 
dades, etc.). 

No entiendo cómo los que dicen ser discípulos de Cristo en nuestros días logran ser 
llamados por ese nombre sin mostrar las características activas del Maestro. 



Los desechados y marginados 

Presencié en una oportunidad una grotesca escena en Berlín, en el centro de la ciu- 
dad. Allí fue construido un monumento majestuoso en memoria del Holocausto que los 
judíos sufrieron por medio de la persecución y la muerte en la Segunda Guerra Mun- 
dial. La intención de ocupar casi una hectárea de terreno en uno de los lugares más 
valorizados del mundo, al lado de la famosa puerta de Brandenburgo, (que es el 
símbolo de Alemania y que está acuñado en casi todas las monedas alemanas) era la 
de mostrar al mundo, y especialmente a los alemanes, el poder devastador de la dis- 
criminación, la segregación y la marginación. La paradoja que presencié fue que, al la- 
do de ese monumento, dos turcos (que no son muy bienvenidos en la capital alemana) 
estaban siendo golpeados por un grupo de neonazis. Pero más paradójico todavía fue 
el hecho de que el mensaje que transmitía el monumento no alcanzó a hacer mella en 
la mente y el corazón de la multitud que estaba pasando por allí y que, viendo el ata- 
que, permaneció pasiva mirando, como si fuera en la televisión, aquél acto de vanda- 
lismo contra la dignidad humana. 

Como ya fue expresado en otro comentario anterior, sólo quien ha sido discriminado 
por su postura personal, raza, color, nivel socioeconómico o cultural conoce el amargo 
sentimiento de impotencia que surge ante la discriminación. Nuestra función tal vez 
sea la de contribuir con aquellos proyectos de reforma social que combatan la discri- 
minación. Pero, con plena seguridad, nuestra función es la de ayudar a los discrimina- 
dos y marginados para que encuentran su lugar en el reino de Dios y en su iglesia aquí 
en la tierra, sirviendo como un paliativo para su vida, aunque no haya una solución de- 
finitiva, al menos aquí en la tierra, para las diferencias sociales. 

El amor de Dios restaura los corazones y sana las heridas de las brutalidades que se 
han sufrido con anterioridad. 

Mi comprensión acerca de lo que significa ser un discípulo de Cristo es: 

1 . Aquél que -aunque no siempre lo logre- siempre intenta seguir a su Maestro. 
Aquél que, más allá de sus faltas, sabe dónde obtener refugio y restauración 
para su corazón cuando éste lo lleva por los espinosos caminos del pecado. 

2. Aquél que, en una búsqueda de una comunión cada vez más íntima con 
Dios, actúa con amor a favor de la salvación de las personas para el reino de 
Dios. 

3. Aquél que, librándose de la vanidad y los egoísmos típicos del paganismo, ora 
cada vez con mayor poder tal como Jesús: "No se haga mi voluntad, sino la 
tuya". 

4. Aquél que desarrolla audacia y coraje, venciendo el temor por medio del 
amor, aprendiendo a ser un humilde osado, un manso intrépido y un valiente 
de corazón sencillo y sabio. 

5. Aquél que está dispuesto a pagar el precio de negarse a sí mismo y seguir a 
Cristo, viviendo de manera creciente una vida como la que Cristo viviría, sin 
fanatismos o extremismos, en amor y en servicio. 

6. Aquél que abandona la carnalidad en todas sus manifestaciones de discrimi- 
nación y disputa por la supremacía, buscando el fruto del Espíritu en su vida 
diaria y en sus relaciones. 



Aquél que desarrolla la capacidad relacional a partir de lo aprendido a través 
de la revelación, haciéndose más dócil, humilde y manso por medio de la con- 
templación del Maestro. 

Aquél que se dedica a conocer al Maestro en oración, meditación, ayuno y es- 
tudio de la Palabra, así como a través de experiencias activas y prácticas, pa- 
ra saber quién es Él en todas sus manifestaciones: Amigo, Creador, Rey del 
universo, Dios de profecía, Poderoso Padre de Eternidad, Principio y Fin de 
todas las cosas, Salvador, Restaurados, el Rey que pronto vendrá. 
Aquél que, en cada situación de la vida actúa y reacciona espiritualmente, es- 
parciendo una atmósfera de cercanía con el cielo dondequiera que esté. 

Dr. Berna D. Wolter 

Profesor de Misiología 

Univ. Adventista de San Pablo - Campus 2 

Traducción: Rolando D. Chuquimia 



RECURSOS ESCUELA SABÁTICA 

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